El ayuno bíblico no es motivado por un deseo repentino a bajar de peso o de ponerse a la moda. El ayuno es para el Señor, y tiene que ser hecho por una o más razones específicas. Si usted se dedica a la oración y a buscar a Dios, el ayuno puede ser una experiencia espiritualmente gratificante. El ayuno es humillarse ante Dios para que Él a su debido tiempo pueda exaltarnos.
- El ayuno puede ser una expresión sentida de arrepentimiento. Lea Jonás 3 y verá como el pueblo se arrepintió ante Dios y así fueron liberados de la destrucción. En la Escritura el Señor responde más rápido y más positivamente cuando Su pueblo ayuna.
- El ayuno es para cuando necesitamos discernimiento y entendimiento. Le ayudará a ver cosas que antes nunca había visto o a entender cosas que nunca antes había entendido.
- El ayuno es para cuando usted enfrenta una gran tentación o dificultad. Considere como Jesús enfrentó la tentación en el ejército en Mateo 4. El ayuno no es para hacernos más débiles, sino para hacernos más humildes de tal modo que podamos depender del poder de Dios.
- El ayuno es para cuando necesitemos orar por otras personas. Asegúrese que esas personas están abiertas a Dios y a las respuestas que Dios les dará si usted ayuna y ora por ellos. Si oramos para que ellos cambien antes de que ellos estén listos para cambiar, posiblemente el Señor encontrará la manera apropiada de llamar la atención de ellos y mostrarles la necesidad de cambiar.
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